lunes 2 de noviembre de 2009

Nunca

Oh David, mi orgullo, mi plata,
que te has postrado ante mi mirada
e impregnado al alma.

Oh mi balada de amor,
ya no sé si tú mi dogma
pura y sagrada,
fuiste en la laguna del tiempo
la que resucitó.

Esperé la avidez de los silencios
para que tú llegarás de amante
atesorado, quizá del engaño
que ahora en penitencia del rencor
me come, siniestro, el pudor.

Estuve contigo días,
meses,
años,
instantes
eternos y arcanos,
y aún así topamos con el olvido,
que se acomodó en la cálidez íntima
de los que no fueron amantes
sino cómplices de amor.

Llegaste afanoso de hacerte escuchar,
entregarte todo, lo todo tuyo
lo tuyo, nada más..
Tan alegre y azul,
como nunca antes te vi..
pero por otra mujer,
la que yo nunca fui.

Murmuraste a mi vista caricias de mujer ajena,
lloraste en secreto conmigo
pérdidas que no fueron nuestras.
Nostalgia a mi coraza trastocaste,
me heriste, me mataste,
me mataste en lucidez de recuerdos,
que nunca fueron nuestros...

Y aún así te quiero,
mi credo, mi sueño,
pasión que nunca nació
entre los dos.
Y aún así te amo,
te lloro, te aclamo,
te grito, ¡escucha!,
que aún sigo contigo
en la condena
de un amor que nunca fue nuestro,
ni mío
ni de nadie, más que de ti.

Te amo
y he sufrido por amarte..
me ha costado instalarme
junto a tu melancolía y
junto a ti.
Pero lo he aceptado,
y hasta ahora me arrepiento
de que la perdiste
y de que me perdiste también a mi.

Y sigo esperando,
abrazada a tu sombra,
que alguna vez seas mío,
y yo la tuya amada,
la flor tuya, sin capricho,
anhelada.

Pero así nunca pudo ser,
ni puede, ni podrá,
sino que siempre fue
una fantasía bajo el moho
de un epitafio que te dio
la última puntada al corazón.

Oh mi luz lunar,
que en el otoño me haces recordar
la magnitud de tu andar
en tu ser,
en tu amar.
Caminas bajo mis pies
que se andentran en tu fauna de eclipse
bajo la sombra lunar que cubre tu piel.
Recorres mi abdomen y pecho
como ave marcando paso en ponto
asechada por las malicias del edén.
Y en tu paso, te siento mío
mío, como mar y arena
tentando con deseo el cobrizo lunar que decora tus labios,
y que viste de azar a tu boca.
Pero aquél tímido destello castaño
hace mío tu canto contornado,
hace mía tu boca dudosa,
tus ojos alvinos
esperando al negro tapiz.

Oh mi luna de seda,
que te contemplas en faz blanca
de nívea nostalgia.
Bailaré contigo el vals del lago,
siendo el agua el escenario
y los peces nuestros huérfanos guías.
Seré yo quien te de la mano,
roce tus robles tejidos
para estrechar renuncia
en un sólo consuelo de calor.

Y te miro,
miro tus ojos, negros de azul triste,
te miro para suplicarte que vuelvas
al momento de pérdida,
e imploro al ensueño de ojo abierto
cruzar tus lares
y encontrar tu rostro
bajo las hojas de otoño,
mirando al firmamento,
mirando a la muerte.

Y te ruego
deja de pender
de aquello que ya fue,
que el perder se ha esfumado
en lo que el tiempo ha exigido
como suyo,
y de nadie más.

Y por eso te digo,
mi luna fantasma
con barcos penetrando los arcos cansados de tu mirar;
te digo yo,
con la sangre en la mano,
y un liro de serpiente en los labios:
te amo.

Te amo, David,
te amo con locura,
y con la inmensa hermosura
de miedos abrazados
por el áspid de la pasión.

Te amo como nunca he amado:
te amo más que a los gorriones cantando a las guirnaldas,
más que al mar pronunciando su palabra,
más que a la sagrada alma
que reside en mí,
destrozada, desplomada
en trocitos cristalinos
de razón.

Te amo, y por eso te odio,
porque me acribillas tu pérdida
en mi sollozo;
cada vez que te veo
me siento un llano pozo,
abismal y profundo,
más que el ombligo en el vientre,
más que la sombra en tu ente.

Me aprisionaste en tus deseos,
en tus sufrimientos,
en tus amores y querellas..
Me he vuelto tuya sin que lo sepas
ni nunca lo sabrás.

Te amo, y no puedo decir más.

miércoles 21 de octubre de 2009

Ambientes

Estoy sentada frente a la multitud, a lado de una máquina de cafés y enfrente de los sanitarios. Es un buen lugar de contemplación, como la posición áurea de un cuadro flamenco.
Sorbo de mi café y observo callada a los peatones errabundos. Algunos mofándose del que acaban de tirar, otros hablando en cánticos arrastrados y efusivos y demasiados bocones que creen conocer a Don Amor, pero son sólo mitos.
Estoy sentada leyendo un libro enigmático e inmenso. La bulla arruya la calma de mar que surge al rozar mis dedos cada puntilla de hoja. Después, veo pasar a los que se me acercaron alguna vez afanosos de conocer algo extraño en mi ser y hacen conmovidos o magnánimos una mueca acompañada de un ademán de saludo. Nada inusual. Pasa también aquel personaje que conocí en mi entrada, aquél alto y curvado de semblante perezoso que da filosofía unos cuantos semetres arriba del mío. Nos saludamos, en una hazaña que aún está fuera de mi alcance, como si ambos tuvieramos ese mismo sentimiento de íntriga mutua y secreta, tan espontánea y arcana. Me encanta su saludo. Es un gesto tímido y fulgente, como si fuese a percibir en mí la víspera de un nuevo descubrimiento, mas no se acerca, sólo me percibe de lejos, y visceversa.
Estoy acurrucada en mi remanso de paz, pensando en la nada dentro de la nada y así sucesivamente. Y mientras pienso, leo aquel libro eterno.
Doy el último sorbo al acíbar del café, me paro, y me dirigo a mi recinto predilecto: la biblioteca. Entró y me escondo al final, donde pocos llegan. Todo pintado de color sepia. Es una experiencia deliciosa. Ahí cometo los pecados que ni el "nada virgen" dios se atreve a contar. Terminado mi viaje, me desplazo hacía el pasillo agitado. Pasillos retorcidos que se estremecen ante la dimensional analogía de ampulosos acertijos. Me topo con toda clase de personalidades que siguen un mismo son, temiendo del rechazo y la estigma. Una igominia hipócrita. Me topo con la anciana que alguna vez expresó, inexpresiva, su bagaje matemático ante un universo corrupto y anodino. Me recorre una neblina frívola y orgullosa al percibir su mueca refelxiva trastocada de lo que ella piensa es una sonrisa con vania de felicidad. Como si aquella cuchilla dibujada en sus labios engrietados fuera completamente ajena a sus intenciones. Me topo con grupos ramificados, como vestimentas árboreas, que con agudas miradas me clavan un puñal al alma. Me he atrevido a esquematizar en planos de hojas revolución mapas con aquellas redes sociales, sus divisiones atómicas y su movimiento dinámico. Es algo muy interesante, pienso mientras tarnscribo, sobre la hoja a lado de la tabla de Flandes que se observa dentro del espejo veneciano del cuadro flamenco, aquellas ramificaciones que miro con denuedo en la que llaman Plaza de Palmeras.
Estoy sentada encima de morados, leyendo aquel taimado libro y mirando ojos extraviados.

lunes 14 de septiembre de 2009

Sinestesia

He olido el sabor de la lluvia - prisma que ha llegado hasta mis ojos mediante la distorción cristalina de mosaicos arenosos.
He caminado por asfalto de tinta, en historias crónicas parabólicamente estilistas y también he sentido sabor anís entre mis párpados, fluyendo por mis tímpanos, bloqueando mis mandíbulas, saciando mis labios, clavando un puñal al corazón hasta sentir en la encía sabor carmín de sangre.
Posturas concupiscentes de brácteas rellenas de polen, que entre auras tímidas son mecidas hasta la vía láctea, volviéndose estrellas - arcilla sideral que cae hasta la tierra, sabor rojo, intenso, gesticulante. Se mete por la boca, saquea la bóveda renal, perturba el pozo de vida: oasis sabor provisional.
He deseado desgastarme en una obsesión; he soñado que tengo otro brazo motriz en la espalda; tórax, nuca, cadera, espina dorsal; dos matrices y ningún apetito sexual. Sueño y me siento incompleta, no puedo llegar a la divinidad que ésta acción rebuscada brinda. Me topo con mi sombra y ésta, como parásito codicioso, me roba el suspenso en espira.

Caminaré por la calzada de tu manos,
cruzaré los remolinos de roble de tus dedos,
trazaré los trayectos de tus tejidos zurcidos en palmas
agotaré mi paso con los gestos
que tu roce de piel, color ambar y miel
silban en mi oído verdes calmas.

Fantasías dibujaré con tu rostro, que pronto divagará por la puntada del alba.
En mi espejo, pendular y circunspecto, que la razón me ha permitido imprimir.
Y seré viento que en escarceo te seduzca: mar de cuencos en salmuera - hasta penetrarnos en un éxtasis iridiscente -

Soplaré a través de los poros corales de tu vestimenta,
como quena de río romance
postrada como estaca en el polvo marino
de un amor que en entereza,
no tiene alcance de rosales.

Probaré tu azulado horizonte,
mezcla viperina de tragedia desvaída
cuyas gotas se reúnen en vainas
del rizoma que conforma nuestro epidermis
esmalte articulado en devaneos
y fimentado de odiseas.

Concluiré mi amor con un beso,
un beso nébulo de sabor violeta.
Un beso que será digno de posesionar,
con veneno blanco y ligero,
tus ojos, tu piel y tu mar.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Réquiem por una muerte

Y después del albedrío sempiterno del silenciado énfasis tragédico, salió a luz la noticia.

-Malas noticias...- me dijo tratando de disimular aquella serenidad orgullosa que fluctuaba siempre en una de sus tantas legiones monstruosas de indiferencia, ocultando evidentemente un lamento acribillado en su pecho, sangrado hasta el alma... y desmenuzada la esperanza, calló intermitentemente, después revivió, pero aún sin las agallas para cibrar de nuevo su ente en tintas masacradas por su dolor.

Intenté mantener un gesto seco e impávido, como él siempre hizo, pero eran incontenibles las ansias que me había dejado el resabio del silencio. Fue un silencio de esa espera frustrante en donde todo recae en un infortunio polifasético, porque siempre está ahí, cambiante y siniestro, asechando al momento en que la condena está por desaparecer.

-Ha muerto-

-¿..Qué?-

-Sí, murió- dijo sin perceptible impedimiento anímico, intentándolo todo por mantener aquella maldita pose impasible pero ostensible. Le temblaban los dedos. Y ahí fue cuando lo supe.

Se esfumó de su presencia la indiferencia, y ahí fue cuando supo que la amó.

Era como un beodo sin botella, maldiciendo y gritando al tiempo antaño.. arrepintiéndose y volviendo a maldecir su amor.

Y en ese instante fue una sombra más.

Mi cuerpo quedó paralizado. Mis labios se trastocaron de un blanco funébre, después se partieron en pliegos de estelas. Me aparté. El terror era indómito y punzante. Me retorcí en su desgracia, nunca en la mía. Y viví en sustancia una catalepsia. Viví su sombra que disipó mis mares perplejos. Después me sentí basofia ajena, broza de témpanos hastíos.. "¡y sigo pendida en mi soledad!", me dije.. Después sólo me cubrió el relente de la lágrima moribunda, la lágrima negra azabache, sin pureza de agua ni luciérnaga cristalina. Eran sombras nada más.

Me reincorporé después de que el transe en filme alienado cubrió mis entrañas cerebrales se disipara en la neblina de mis ojos. Mis venas palpitaban en temblores latentes. Estaba muerta en vida, y aquella lucidez era la que me asesinaba en cada brevedad de rehabilitación.

-"...", dime algo, tú que siempre tienes algo para estas situaciones...- me dijo, y yo, en plena revolución de ecos mentales, callé.

Mis esfuerzos por describirle en fábulas sonámbulas la tragedia que en mi intimidad se posaba fue sólo un intento en vano. Él estaba peor que yo, por más que quisiera aparentar lo contrario, se hacía más nítida su congoja.

-En fin.. ya lo veía venir- se dijo así mismo para consolarse.

-Yo bien sabía que lo haría, y no hice nada para prevenirlo..-

-Pero es que no puedes presagiar un hecho como tal..- le dije intentando calmarle, pero fue todo lo contrario..-

-No.. ahora me arrepiento, porque ella misma me lo dijo, ella misma me dijo que lo haría, y yo, en aires de aliviarle aquél mal afán, le demostré que la vida aún seguía, y que yo le acompañaría. Pareció que dió resultado, ya estaba convencida, y en eso me dijo.. "recuerda que siempre te amé", silenció la frase, la tomé desapercibida, y seguimos hablando. En el fondo yo procesaba esa frase, procesaba ese tiempo, esa conjugación que había establecido. Pero mira, hasta ahora lo he sabido, y no ha hecho más que condenarme de nuevo..-

-¿Y qué tal si lo hizo para quitarte la condena?-

-No, si hubira hecho eso, ahora las cosas no serían así como son en este preciso momento-

Callamos. Ambos desolados. Rezamos, ¿a quién?, al desahogo y acíbar que nos comía en desgaire y ronzaba bullicioso para causar desaliento. Estabamos muertos.
Después, a vena abierta, recitó.

-Ella era el agua que yo bebía-

-Era la fuente de mi alegría-

-Sentía orgullo de andar con ella, saberme suyo.. era tan bella-

-Hoy la he perdido, Sandra, mi pecho.. pero ninguno oíra de mi un quejido-

-Voy a guardar mi lamento para cuando esté solo...- interfirió su ser interno, sin embargo, el otro, ardiente y dolido, prosiguió en bríos tenues pero altivos.

-Ella era el dogma que yo creía-

-Era la ley que no infringía, era el cimiento de mi futuro..-

-Y no te miento.. mi amor fue puro-

Y así, sesgado el verso, demostró pérdida y nostalgia, apenas nacida del vientre lacrimoso del amor casto y virtuoso de este drama sin final.

martes 25 de agosto de 2009

Presencia escénica

Fue un día especial. Un día que me motivó a sonreirle a pleno esplendor a la vida. A disimular que esa tarde se teñía de un regocijo inexplicable.

Y todo empezó así...- se entromete el narrador.

Empezó un martes a las 4:30. Salían las extraviadas siluetas de negro de un mundo distante; atravesaban sigilosas aquel portón de esa dimensión que llevaba a los espejos: al castillo cristalino del autorretrato.

Recuerdo sus rostros...- se añade al relato un segundo narrador.

Su faz, desnuda y pálida por arrullarse en una estancia oscura... sin embargo, deseosos y sonámbulos, permitieron que ese ser que les recorría por dentro se apropiara de sus emociones, canalizándolas en un hermoso gesto que hizo bruma al abrupto anonimato y dio paso a la pose certera.

Era un espectáculo fenomenal-
Natural y abismal-

Entré por fin al cuarto de los reflejos. Junto a mí yacían posturas llameantes, talentos tímidos a medio salir.
Miré el espacio. Quedé atónita por su tan pequeña longitud pero tan inmensurable dimensión. Ahí fue cuando ella se presentó.

Hagan circulo- Nos dijo de modo rígido pero suave.

Aquella presencia que daba, aquella seguridad y precisión artística...

Un ser sin igual-
Una mácula de la expresión artística-

Haremos transición de energía- Nos dijo finalmente.

Antes de comenzar, examinó a todos sus personajes, como la dueña de ese dominio reberverente. Dibujó cada detalle en la mente, creándole un color y una melodía a cada rostro, a cada sombra, a cada icono.

En este espacio todos somos los protagonistas-
dijo mientras todos, fijos y postrados, mirábomos aquél flujo de energía posesionar nuestras manos y arrancar de la piel un roce rojizo de ímpetu y frenesí liviano.

Y aunque el personaje parezca un "tal", absurdo e incompetente, éste aún sigue siendo un "principal", "¿cómo?" se han de estar preguntando, ¡pues cómo!, con garbo, una columna y mente ergida y un alma queriendo salir del forro que labra el pecho- gritó, conmovida, y detuvo la bola de energía.

Era sublime, una beldad con presencia alta-

Entonces, fue cuando todos aquellos seres se reunieron, y, con aliento cobrizo, acataron a la mujer de faz clandestina pero alma majestuosa-

¡Griten!, ¡muévanse!, sientan el ritmo recorrer cada vena, cada impulso de aquella persona que les habita, ¡sientan!, ¡vivan!-

Y volamos...

¡Subsistan!, su presencia es única... ¡diganse a ustedes mismos que existen!, ¡que son quienes son!, ¡vivan!- repetía la estrofa mientras sacudía un pandero, como si éste fuera su alma misma.

Aquellas caras jóvenes comenzaron a formar, como figurilla de barro, un cutiz más libre y cálido-

Los atuendos negruzcos empezaron a tomar color. Y entre la múltitud, recatados e introvertidos, emergieron de lo ajeno y colectivo, aquellos ojos tribulados sesgándose hasta hallar felicidad-

Sin olvidar el brillo agudo del lignito que cubría su nuevo cuerpo-

Porque la actuación no surge de lo individual sino de lo general, ¿y de dónde surge el "todo"?, pues del "yo"-

Tradujimos una sensación en algo que por instinto fue del cuerpo.

Y ya a su fin, el maniquí, en éxtasis de observación, y a plena potestad, le dijo a sus discípulos...

¿Ser o no ser?, si logran resolver aquél paradigma sin intromisión del razosinio, pueden regresar al Palacio de los Espejos-

viernes 21 de agosto de 2009

Bostezo

Era tarde. El ocaso bañaba las faldas del horizonte cuyo azul se pintaba drásticamente de un naranja áureo. Las nubes permutaban a arreboles. Las hojas glaucas de los árboles se mecían al viento, como si éste, grácil y acuoso, bailara al son de un soneto misterioso que sólo podía ser escuchado mediante su tactil humedad. Los jardines limítrofes a mí comenzaron a emanar una oración al cielo. Todo era un universo compuesto de espera. Caminé tratando de encontrar eso que hacía que todo floreciera, y, entre las miradas pasivas de los ojos que en el tiempo habían sido delineados en robles viejos, llovió. Los prójimos corrían, temiendo y maldiciendo; evadiendo aquella divina estrofa épica del firmamento que, espontánea, culminó en nuestra infausta atmósfera. Al sentir cada gota, cada vibración de agua, cada latido de desesperante liberación recorrer mi piel y penetrar hasta mis entrañas, sentí el litoral interno hacer marea de devoción. Sentí, como nunca antes, el sentido real del tacto de una espera anunciada, aquel vaho que había permanecido encerrado en las nébulas del tiempo. Caminé despacio, sintiendo cada sensación brotar por mi cuerpo, como palabras tratando de expresar una euforia a petición del alma. Abrupto, silencioso, liviano; explosivo, contornado, sereno. Era su proceso, era la metáfora de su dicción. Cerré los ojos. Abrí la boca. Esticulé muda un grito. Bostecé. El efecto era una catarisis del nirvana. De matices que hacían danzar a mi cuerpo, perpetuo desde entonces. Caminé aún más despacio hasta hallar completa parsimonia. Toqué la mampostería a mi lado. Sentí cada detalle de argamasa esculpida en mi corteza. Y silencié la aceleración frenética del otro ser que en mí habitaba, hasta ese entonces, muerto. Fue cuando levanté los brazos hacía la inoportuna epifania, abrí los ojos a más no poder, engolé un grito que en eco sostuvo el monstruo, y seguí caminando.

sábado 15 de agosto de 2009

Estrella Lunar

He esperado este momento para recitarte,
fulgente huérfana de la Luna.
Lunar que escapó con el hálito estelar
del cutis blanquezino de la beldad astral.
He esperado todo este tiempo,
para recibirte en la óptica viajera de mis ojos,
y olvidar por un instante
la orbe circunspecta de la realidad.
Te siento tan libre,
sensata y humilde;
cuando tu garbo,
tufo preñado de instinto,
expresa dolor,
lejanía e incertidumbre.
Quiero ser un sólo ser,
contigo,
en libertad.
Dejar la dualidad.
Al monstruo terrestre que fundó su lugar
en la melodía confluyente de la mismisidad.
"¿Pero qué haces?,
oras al soplo montaraz
una fantasía ¿sideral?,
¡alienada y pequeña criatura!,
inocente y absurda,
fútil es tu intento,
tu plegaria es mi sustento".
Y he de caminar en el tesoro aciago
de un estribo ambiguo y colérico,
embriagándome de estragos,
en un conflicto ajeno
pero cercano.
Y te miro a tí,
con tu sutil veleidad
y sonrojado albo purificado,
postrada, lejana
en el negro crespón en velo.
Me abrazas
en recuerdos que son de almidón
para tu gala.
Te sientas en la nebulosa compacta
y me miras,
silenciosa,
tratando de hallar en mi,
paria errabunda sumergida en dimorfismo,
un centelleo que me haga volver a mirárte.
Me incitas a recurrirte,
haces de ti una figurilla laudible.
Juntas somos estuario cósmico
evadiendo piélagos cristalinos
dentro de tersos torrentes ladinos.
"¡Deja de torturarme!,
O bellaco monstruo de la Mímesis.
¡Deja de acribillarme desalientos!,
que esta es mi coraza
y lugar en el viento".
(...)
Y nos miraremos hasta el alba,
cuyo áureo sentimiento nos lleva en mareas eclipsaedes,
juntas en la vispera del cielo,
donde tu madre Luna espera tu llegada,
y yo, tu encuentro.